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Sentidos

Los sentidos son los límites del sistema neuroendócrino aptos para enviar señales de información acerca del medio exter­no e interno a los centros de procesamiento, coordinación y respuesta. La especialización informativa es realizada por células (o equipos de células) conversoras de energía ambiental que tienen la propiedad de transformar impulsos heterogé­neos provenientes del exterior a ellas, en impulsos homogéneos comunes a todo tipo de sentido. La forma de energía que llega a los recepto­res es variada: mecánica (como presión o contacto), electromagnética (como luz o calor), química (como olor, sabor, contenido de oxígeno-an­hídrido carbónico en sangre). Estas formas de energía heterogénea, sufren ya en cada receptor sensorial un primer procesamiento y se convierten en impulso nervioso llegando a los centros de información como “bits” (señales) que difieren entre sí en cuanto a la frecuencia de señal y si­lencio. Las células receptoras son numerosas en su clase y actividad trans­formadora, reconociéndose por el momento alrededor de 30 tipos distintos, que se estructuran de modo particular dando lugar a los llamados “sentidos”.

Las variables energéticas del ambiente, no obstante, son mu­cho más numerosas que la cantidad de sentidos aptos para recogerlas, como sucede en el caso de la vista, receptor de sólo 1/70 partes del espectro electro­mag­­nético aceptado y que es reconocido como luz visible. Este caso mues­tra cómo los receptores son especializaciones de detección fe­no­mé­nica restringida, derivando de esto, enormes franjas de silencio para el equipo de percepción. Aquí admitimos otros seis casos más (oído, olfato, gusto, tacto, kinestesia y cenestesia) de lo cual resulta una enorme franja de silencio perceptual, si se suman las insuficiencias de cada sentido. Importa considerar a los receptores con respecto a la distancia de la fuente emisora (telerecepción, exterocepción, interocepción, etcétera); a la distribución de los receptores en el cuerpo; a las vías sensorias por las que se desplazan los impulsos homogéneos y a los centros de procesamiento y coordinación a los que estos impulsos homogéneos llegan. Allí se diferencian nuevamente resultando la “vivencia informativa”, que permite al aparato hacer distinciones perceptuales, para trabajar posteriormente con estructuras de interpretación y estructuras de respuesta adecuadas a la “porción” de mundo detectado. Llamamos “franja perceptible” a la forma particular de energía a la cual un receptor es más sensible. Ejemplificando: el estímulo adecuado para las células receptoras del ojo, es la luz; la presión es captada específicamente por otro tipo de re­cep­­tor­es, pero la presión sobre el globo ocular estimulará también a los re­ceptores luminosos. De esto resulta que existen franjas específicas para cada tipo de receptor y no específicas que en determinadas condiciones pueden ampliar o reducir sus umbrales considerablemente. Es ne­cesario distinguir además entre la franja (que se refiere a la cualidad del fenómeno) y los umbrales (que se refieren a la cantidad o intensidad) del fe­nómeno. Estos umbrales trabajan con captaciones mínimas y con máximos variables de tolerancia. Cada sentido ha sido organizado teniendo en cuenta:

1. Órgano: incluye una mínima descripción anatómico-fisiológica del órgano o de los receptores según fuera el caso.

2. Mecánica: describe, simplificadamente, los posibles modos de operación de los receptores al transformar la energía proveniente del medio en impulso nervioso.

3. Vía nerviosa y localización: indica brevemente el camino que siguen esos impulsos hasta el punto de destino en la zona correspondiente de la corteza.

Lo explicado, vale para los sentidos externos. En cuanto a los internos (ki­nestesia y cenestesia) hay pequeñas variaciones expositivas debido a las particularidades que presentan.

 Vista

Órgano. Los ojos son órganos complejos sensibles a la luz. Por su ubicación permiten al ser humano, una visión tri­di­men­­sional de los objetos. Desde luego que la visión tri­di­men­sional está integrada a un sistema de interpretación per­cep­tual bas­tan­te más complejo que el órgano mismo. Equipados con mús­culos rectos y oblicuos, poseen una amplitud de movimiento inferior a 180º. Desde hace tiempo se viene describien­do alegóricamente al ojo como una cámara fotográfica: un sis­­tema de “lentes” (córnea y cristalino), enfoca las imágenes sobre un estrato fotosensible (retina) ubicado en el fondo del ojo; párpados e iris contribuyen a la protección del sis­tema y a la re­gulación (a modo de diafragma en el segun­do ca­so) de la in­tensidad luminosa recibida por los receptores.

Mecánica. Se acepta que la retina es una delgada película compuesta por varias capas de células nerviosas. La luz pasa a través de ellas hasta lle­gar a los fotorreceptores. A éstos los han agrupado en dos tipos principales: a) de cuerpos gruesos o “conos” que se encuentran concentrados sobre todo en el centro de la retina (fovea) y que informarían sobre colo­res, trabajando mejor a plena luz y b) de cuerpos finos llama­dos “bastonci­llos” concentrados máximamente en la periferia retinal, más numerosos que los conos y sensibles a la penumbra, informarían sobre claroscuros. Conos y bastoncillos contienen pigmentos que al absorber distintos tipos de luz resultarían alterados en su estructura molecular. Esta alteración estaría relacionada con el impulso nervioso que es enviado al cerebro.

Vía nerviosa y localización. Ya transformado el impulso externo en impulso nervioso, viaja a través del nervio óptico pasando, luego de etapas intermedias, a la corteza occipital de ambos hemisferios cerebrales.

 Oído

Órgano. Las ondas sonoras, penetrando por los conductos del oído externo, golpean la membrana timpánica que retransmite las vibraciones a tres huecesillos localizados en el oído medio. Estos, trabajando a modo de palancas, amplifican las vibraciones recibidas de 10 a 15 veces, y las retransmiten a los líquidos de la cóclea, donde son convertidas en impulsos nerviosos (oído interno).

Mecánica. La cóclea o caracol, está dividida internamente y a lo largo, por dos membranas, formándose tres túneles o escalas, que contienen distintos líquidos. La vibración transmitida en forma de presiones de distinta intensidad por los huecesillos, al provocar diversas flexiones en estas membranas, activará las células receptoras (células ciliadas) ubicadas sobre una de las membranas (la basilar). Esta activación sería la que da origen a diferencias de potencial eléctrico y a la estimulación de las terminaciones nerviosas que conducen los impulsos a la localización cerebral.

Vía nerviosa y localización. Las terminaciones de las fibras nerviosas dis­tribuidas en la membrana basilar, forman la rama auditiva del nervio acús­tico que conduce los impulsos nerviosos a la parte superior del lóbulo tem­poral luego de pasar por etapas intermedias que incluyen bulbo raquídeo y tálamo.

 Olfato

Órgano. La membrana olfatoria, de unos 5 cm2 de superficie, se encuentra ubicada en la parte superior de la cavidad nasal. Las moléculas productoras de olores, son transportadas por el aire que llega a través de las fosas nasales o de la faringe, disolviéndose en las secreciones de las células de sostén de la membrana. Entre estas células se distribuyen 10 a 20 millones de receptores, cada uno de los cua­les es una neurona.

Mecánica. Las neuronas receptoras terminan en la parte superficial de la mucosa con terminaciones expandidas (bastones olfatorios) desde donde proyectan cilios de unos dos micrones de longitud. La manera como reaccionan las moléculas odoríferas con los receptores es desconocida, aunque existen numerosas hipótesis al respecto. El impulso nervioso generado, es transmitido por los receptores que terminan en el bulbo olfatorio situado sobre cada fosa nasal.

Vía nerviosa y localización. En cada uno de los bulbos olfatorios las terminaciones de las neuronas forman glomérulos, desde los que salen tres haces de fibras nerviosas que terminan en el bulbo olfatorio opuesto, en el sistema límbico y en el área olfatoria de la corteza límbica (allocortex) respectivamente.

 Gusto

Órgano. Los órganos del gusto o botones gustativos son pequeños cuerpos formados por células de sostén y por células ciliares (receptoras). Se encuentran concentrados sobre todo en las paredes de las papilas gustativas en la superficie dorsal de la lengua.

Mecánica. Los receptores del gusto (células ciliares), son qui­mio­rreceptores que responden a las substancias disueltas en los líquidos de la boca. Cómo es que las moléculas en solución interaccionan con las moléculas receptoras para producir el impulso nervioso, es un punto que se desconoce, aunque existen hipótesis al respecto. Hay cuatro sensaciones gustativas que se registran en distintas zonas de la lengua. Salado y dulce, en la punta; ácido en los bordes y amargo en la parte posterior. Los botones gustativos de cada una de estas áreas parecen no diferenciarse en su estructura celular, pero algunos de ellos y según la zona en que se encuentran, responderían sólo a los estímulos amargos, otros a los salados, etcétera.

Vía nerviosa y localización. Los impulsos nerviosos parten de los botones gustativos a través de tres vías nerviosas que pasan por el bulbo raquídeo y el tálamo llegando al área de proyección gustativa de la corteza cerebral al pie de la circunvolución post rolándica.

Tacto

Órgano. Los receptores de este sentido, se encuentran distribuidos en distintas capas de la piel. Su concentración es mayor en algunas zonas del cuerpo y menor en otras, determinando distintos grados de sensibilidad. Estos receptores son especializaciones nerviosas que estarían capacitadas diferenciadamente para distinguir variaciones de temperatura, de presión, contacto y dolor.

Mecánica. A la variación de los estímulos acompaña una va­riación en la frecuencia de los impulsos nerviosos que los receptores envían de continuo a través de las fibras nerviosas. Esta variación en la frecuencia de los impulsos es el resul­ta­­do de un proceso electroquímico, poco elucidado, desencadenado por el estímulo.

Vía nerviosa y localización. Las fibras procedentes de los re­ceptores ascienden por los haces medulares hasta el tálamo y de allí hasta la corteza sensitiva somática (circunvolución post-rolándica).

 Kinestesia

Órgano. El sentido kinestésico, detecta posturas y movimientos corporales por medio de receptores especializados que serían capaces de discriminar entre variaciones de tono mus­cular (husos musculares); posición articular (corpúsculos articulares); tensión tendinosa, y aceleración lineal y angular de la cabeza y el cuerpo, incluyendo fenómenos producidos por la gravedad (receptores alojados en los canales semicirculares, sáculo y utrículo del oído interno).

Mecánica. Al producirse o suprimirse un movimiento, los receptores (propioceptores), registran variaciones en su tono. Mediante un oscuro sistema electroquímico, convierten el estímulo primario en variación de impulsos conducidos como in­formación.

Vía nerviosa y localización. Los nervios sensitivos transmiten los impulsos por vía espinal hasta el cerebelo y corteza; algunas ramas nerviosas derivan a la capa sensitiva y otras al área de localización motora de la corteza cerebral.

 Cenestesia

Mecánica. Algunas variaciones del medio interno, son recogi­das por un conjunto de receptores nerviosos denominados “interoceptores”. La información psíquica que proporcionan, normalmente se registra de un modo distorsionado (deformación y traducción de impulsos). Ahora bien, estos organúsculos (receptores) están relacionados con puntos de coordinación vegetativa automática (hipotálamo, tálamo y bulbo raquídeo), interviniendo básicamente en los ajustes respiratorios, cardiovasculares, de temperatura e incitando al cuerpo en general a satisfacer sus necesidades mediante traducciones de “hambre” (diferencia arteriovenosa en la glucosa sanguínea), “sed” (presión osmótica del plasma) y “dolor”. El dolor visceral como el somático profundo, inicia la contracción refleja de los músculos esqueléticos cercanos y estas contracciones a su vez generan dolor, formándose un círculo vicioso. Por otra parte, frecuentemente la excitación de una víscera produce dolor, no en ella sino en alguna otra estructura que puede estar a distancia. Este dolor “referido” tiene numerosas variantes o formas de irradiación. Las variaciones en la economía del sexo, son también registradas cenestésicamente.

Vía nerviosa y localización. Las fibras nerviosas sensitivas alcanzan el sistema nervioso central a través de vías simpáticas y parasimpáticas. La zona cortical de recepción, abarca prácticamente todo el arquicortex (corteza límbica) y parte del paleocortex, manteniendo conexiones especializadas con otras áreas. La teoría de la convergencia, trata de explicar el caso del “dolor referido” antes citado: existe convergencia de fibras aferentes viscerales y somáticas que actúan sobre las mis­mas neuronas espinotalámicas. Por cuanto el dolor somático es más común y ha “grabado” la citada vía, los impulsos provenientes de áreas viscerales son “proyectados” sobre áreas somáticas. En síntesis, se tratará de un error de interpretación de la señal.

 Memoria

En el terreno de la memoria, la investigación fisiológica ha te­nido avances importantes pero las experimentaciones no re­sul­tan aún totalmente relacionadas entre sí (año 1975). Por esto, no se puede presentar un panorama satisfactorio para acompañar a las explicaciones psicológicas. Pueden mencionarse como significativos los resultados obtenidos por la elec­tro­encefalografía; por la aplicación de electrodos en el cerebro; por las observaciones en hipocampo y por los trabajos de reflexología. Pero la naturaleza misma de la reminiscencia estable, permanece sin revelarse. Los progresos en el terreno de la genética son más importantes: descubriendo la participación del dna, en la memoria genética se investiga actualmente a ciertos aminoácidos básicos que intervienen en el fenómeno. A grandes rasgos y en el estado actual de las investigaciones, podemos establecer una clasificación de la memoria: la heredada o genética (por transmisión de caracteres de la misma especie, de progenitores a descendientes) y la individual o adquirida. En el primer tipo, ade­más de mantener a los individuos dentro de la misma especie, el código genético regula los cambios orgánicos de las distintas etapas vitales de los individuos. La memoria adquirida, por su parte, va dándose en capas de profundidad desde una más antigua a otra re­ciente y a la inmediata, según va pasando el tiempo. Mucho más no puede agregarse, salvo que su localización cerebral no es precisa.

Franja. La franja de grabación es idéntica a la de los sentidos (al cam­bio de tono sensorial, hay información que va a grabación) y a la de la actividad de la conciencia en sus niveles. Se acepta que todo lo que lle­ga a conciencia o ésta produce, se memoriza, aunque no todo sea evo­­cable. Teóricamente, sólo no habría grabación en el caso de sueño pro­­fundo pasivo (sin imágenes) con un mínimo de cenestesia.

Localizaciones nerviosas. Se acepta que no habría localización precisa, sino difundida por todo el sistema nervioso, en el que se mencionan niveles “bajos y altos” de ubicación de huellas mnémicas. Por los primeros se entienden médula y sistema límbico, por los segundos la corteza en sus áreas de asociación: frontal, temporal, y pario occipital. La estimulación de áreas temporales permite inferir que no se almacenan allí los recuerdos, sino que en este lóbulo funcionan “llaves” de liberación de memoria ubicada en cualquier parte del sn, trabajando normalmente por semejanza entre recuerdo e impulso sensorio, o corriente de pensamiento. Por otra parte, las áreas de lenguaje, visión y escritura, ha­rían grabación específica al par que trabajo específico. Experimentalmente se habría comprobado la imprescindibilidad de corteza para la memoria y la importancia del hipocampo para la “grabación”. Se sabe que a los daños de un hemisferio (del que quedan huellas), el otro va regenerando memoria aunque no completamente. Así, se supone que la me­moria es difusa y difundida por el encéfalo y tallo cerebral.

 Niveles de memoria

Según información heredada puede haber un nivel de memoria genética y según información adquirida, hay memoria adquirida que a su vez tiene tres niveles según momento de grabación y duración de la misma; estos son: de memoria inmediata, memoria reciente y memoria remota. La herencia tiene su base bioquímica en los cromosomas celulares que transmiten caracteres genéticos de progenitores a descendientes, mencionándose 22 aminoácidos básicos responsables del “código genético”. La memoria inmediata es susceptible de perderse fácilmente, no así la memoria reciente. La memoria remota persiste a daños severos del cerebro. Se ha observado en experiencias controladas con electroencefalógrafos que el hipocampo está implicado en memoria reciente; el hipotálamo en mantenimiento y retención de memoria, y los tejidos hipocampales de los lóbulos temporales en memoria duradera. Por otra parte, la terapia clínica relata casos de amnesia tales como la anterógrada (olvido posterior a un ‘shock’), la retrógrada (antes del ‘shock’) y su combinación retroanterógrada (olvido antes, durante y después del ‘shock’). En todo caso la memoria remota es difícilmente afectada, al menos en sus trazos generales. La recuperación de memoria es gradual, primero en imágenes aisladas que se van completando, hasta aparecer fi­nalmente los actos de reconocimiento con permanencia. La na­­turaleza del engrama estable se desconoce totalmente, pero su resistencia al electroshock y concusión, hace presumir su ba­­se en un cambio bioquímico en el núcleo celular, en el arn. El uso de drogas que facilitan la rememoración o grabación como cafeína, ni­cotina, anfetamina, o que inhiben memoria co­­­mo la puromicina, hacen ver la alteración química. La elec­tro­gra­­fía cerebral por último, rescata las ondas eléctricas del tra­­ba­­jo celular, evidenciándose la base elec­tro­quí­mica del fenóme­no.

 Mecanismos de memoria

Ciertas conexiones neuronales, explicarían los niveles inmediatos y recientes por reverberación: el refuerzo de grabación, la asociación lateral y el olvido. Esto porque axones descendentes de las células piramidales mayores emiten cola­te­rales que retroalimentan con neuronas de asociación, a las den­dritas originales. Las colaterales recurrentes conectan además, con neuronas vecinas que asocian otra información y con una inhibitoria que vuelven a la neurona original. Estas fibras profundas reciben fibras talámicas específicas y no específicas, que terminan en la primera y cuarta capa de corteza.

Hay indicios de la participación del hipocampo en la memoria reciente y cifrado de memoria, así es que en él podría haber una “recolección” que se distribuiría por la conexión anatómica del circuito cerrado que con tálamo y amígdala, incluye las áreas frontales de corteza. La información podría llegar aquí a seguir una distribución cortical y su almacenaje definitivo, teniendo en cuenta que el lóbulo frontal está mencionado como importante para tareas de abstracción y también relacionado con la conducta emotiva. Habría así, un “recolector”, “distribuidores” y “almacenado” en la información. Por su parte, el tálamo se conecta con la formación re­ticular. Por esta formación pasan vías no específicas y específicas (o vías clásicas) que llevan información a difundirse en la corteza. Este sería el circuito sensorio directo o memoria que estaría estrechamente ligado a los niveles de trabajo del sistema nervioso y podría explicar el me­­jor grabado de memoria en vigilia. La difusión que podría hacerse a tra­vés de tálamo (sistema reticular activador) sería una vía indirecta de base límbica, que daría el sustrato emotivo a toda actividad mnémica. La hipótesis en torno a la difusión específica que podría hacer la sustancia reticular, explicaría una distribución de estímulos muy variada. La interconexión entre lóbulos, explicaría las com­bi­naciones posibles de efectuarse (por ejemplo frontal con occipital y temporal, y como en temporal se relacionan tacto y vista, el fenómeno de estereognosis sería base de un tipo de rememoración al par que de traducción de impulsos). Un punto problemático es el cifrado y discriminación del dato: ¿es que a memoria llega imagen, o ésta se forma allí y se graba? Tal pregunta es difícil de responder en la actualidad. El “circuito interno” hace que se pien­se y se recuerden los pensamientos propios, o se recuer­den imágenes de sueños y ensueños. Estos impulsos se origi­na­rían en neocortex, por ejemplo, y por transmisión de axones (sustancia blanca) se relacionaría con otras áreas corticales; o podría también intervenir el tálamo y sustancia reticular. Como se verá más adelante (niveles de conciencia) la participación de ésta, es fundamental para activar y mantener la vigilia, nivel indispensable para el aprendizaje complejo.

 La reversibilidad en memoria

En cuanto a la reversibilidad de los mecanismos, ésta no es muy clara, pero sí lo es la necesidad de nivel vigílico: aquí hay una sincronización en­tre el amplio grado de percepción ex­terna, que va disminuyendo hacia el sueño, en el que au­men­tan la percepción interna con imaginación trans­for­ma­do­ra de impulsos, con datos de memoria espontánea e involuntaria. Así es que la evocación sólo puede ser en vigilia. Podría suponerse que un dato al llegar a su punto de almacenaje, a la par que sería grabado, provocaría un recuerdo lo que explicaría el reconocimiento automático (es decir, reconocer todos aquellos objetos habituales súbitamente, por acon­di­­­cionamiento progresivo). La evocación, por último, iría trabajando por “vías preferenciales” es decir, por aquellas en que se va efectuando la huella.

 Memoria y aprendizaje

Se sabe que para aprendizajes simples basta la médula para trabajar, pe­ro ya en los más complejos actúa lo subcortical, y para grandes áreas de almacenaje, la corteza. El aprendizaje es entendido como acondicionamiento, en el sentido que bajo ciertas condiciones repetitivas, el animal u hombre responde como se lo está acondicionando o enseñando. En el hombre no es tan simple por sus complejos mecanismos de entendimiento y comprensión, pero en todo caso aprender algo exige reiteración de hue­lla mné­mica para que ésta salga como respuesta. En los procesos de me­moria y aprendiza­je hay distintos casos, como el descifrado de señales para re­tener el concepto, o la asociación con imágenes similares, con­tiguas o contrastadas, simple reflejo motriz repetido y aso­cia­do a otros, admitiendo estas formas numerosas combinaciones. La mecánica básica es: relacionar un reflejo incon­di­cionado (hambre, por ejemplo) a un estímulo condicionante (luz, por ejemplo) de tal manera que al relacionar un estímulo artificial hay una respuesta acondicionada. Importa en este simple trabajo, que puede complejificarse, la brevedad o reiteración del acondicionamiento, la insistencia que lleva a saturación o bloqueo. Cuando los reflejos van dirigidos a algo específico, se habla de “reflejos discriminados”; cuando se condicionan a respuesta veloz, de “reflejo inmediato” y a respuesta lenta, de “reflejo retardado”.

Se sabe que hay más efectividad en el acondicionamiento cuando hay re­compensa o según alternativa premio-castigo, agrado-desagrado. Hay un “reflejo elusivo” que lleva a evitar las situaciones desagrada­bles y un estado de alerta o vigi­lancia que puede ser considerado como “reflejo de orientación”. Cuando el acondicionamiento va dedicado no sólo a responder sino a operar en el mundo, se menciona al “refle­jo ope­­rante”. En ge­neral, la habituación y los estímulos con­tra­­dic­torios van disminuyendo la respuesta refleja. Originalmente se pensó en la ba­se cortical para los re­­flejos, pero luego se vio que actuaba la gran ba­se de es­tructura sub­cor­tical, talámica e infratalámica (observaciones con eeg). Las experiencias con electroencefalógrafo también mos­tra­ron como ante la presencia de un objeto desconocido había detección de respuestas evocadas secunda­rias. Esto permitió inferir con evidencia también en memoria, la actividad constante y estructuradora de la conciencia. La relación entre aprendizaje y vigilia es básica para las grabaciones com­plejas pero es variable en otros aspectos, por ejemplo: un re­cuerdo súbito puede despertar al dur­mien­te, o un estímulo que auto­má­ticamente sería reconocido en vigilia no lo es en semisueño. Los da­tos sensoriales bruscos pueden despertar al dur­miente, pero también la desaparición de los estímulos habituales o la distinción de un estímulo particular entre otros. Estas relaciones variables han hecho pensar en un posible “analizador” de información ubicado en el ámbito de cor­teza, para hacer todas las distinciones del caso. Tal “analizador”, sería un factor de importancia en la coordinación del psiquismo.

Niveles de conciencia

El aparato responsable de la dinámica de los niveles, es el encéfalo. Rea­­liza este trabajo, con diversos componentes. Destacamos aquí los más notables.

Vía sensitiva (clásica). Haz nervioso que asciende por el tronco llevan­do impulsos sensoriales directamente al cortex. En su ascenso desprende ramales al cerebelo y a la fra, que procesan esa información, distribuyéndola en el subcortex, antes de enviarla, vía tálamo, también al cortex.

Tronco cerebral. Conecta la médula espinal (recolector de im­pulsos de todo el organismo) con el encéfalo. A su vez, está co­nectado con el ce­rebelo. Contiene anatómicamente la for­­ma­ción reticular y funcionalmente los centros reguladores de fun­ciones vegetativas como el latir, la respiración y la digestión.

Formación reticular activadora fra. No constituye una uni­dad anatómica, sino que es una masa de tejidos formada por una fina red de fibras y neuronas de estructuras muy dis­tintas entre sí. Se ubican lon­gi­tu­di­nal­men­te en el centro del tronco y en el mesencéfalo. Todas las fibras provenientes de los sentidos pasan por ella que, a su vez, se conecta con todas las partes del subcortex (vía hipotálamo) y con el cortex (vía tálamo). En sí se analiza y evalúa la información sensorial. En conjunto con los otros cen­tros subcorticales transmite impulsos “inespecíficos” (sensoriales) que modifican la reac­­tividad de la corteza. Desde nuestro interés, aparece co­mo el centro de gravedad del circuito alternante de los niveles de conciencia.

Hipotálamo. Ubicado por encima del tronco, es un núcleo ner­vioso en­dócrino, conectado al cortex por el tálamo y a la hi­­pófisis por numerosos capilares sanguíneos y fibras nervio­sas. Con esta última forman una estructura de interes­ti­mu­la­ción neurohormonal, a través de la cual integra y coordina diversas funciones vegetativas autónomas en conjunto con to­do el sistema hormonal. En sí mismo, coordina la información (especialmente la cenestésica) entre las distintas zonas encefálicas.

Hipófisis. Glándula endócrina compuesta por un lóbulo an­terior, una parte intermedia (ambas de tejido glandular) y un lóbulo posterior (de tejido nervioso), cada una de funciones distintas. Es estimulada y regulada por hormonas hipo­ta­lámicas. Por el hipotálamo (feed-back) se conecta con el en­­cé­falo y el sistema nervioso en general: por otra parte, por vía san­guínea regula y controla todo el sistema hormonal (y más específicamente estimula la tiroides, las gónadas y las suprarrenales, y funciones tales como el crecimiento, diuresis y vaso presión entre otras).

Tálamo. Transmisor de información proveniente del subcor­tex al cor­tex. Centro de control e integración de impulsos, y reelevador de la tensión.

Sistema límbico. Antiguo sistema de regiones nerviosas ubi­cadas en el sub-cortex en el que se asientan funciones emo­cio­­nales y funciones vitales tales como la nutrición, la ve­getativa en general y en parte la sexual. Esta estructura de fun­­ciones emotivo-vegetativa explica la sico-somasis. Entre otras estructuras de importancia incluye el hipotálamo.

Corteza o cortex. Capa encefálica más externa (2 mm. de espesor) o sustancia gris (cuerpos neuronales). Controla el centro límbico, la sensación y el movimiento en general (loca­li­­zación motriz) y es la base de las “funciones superiores o pen­­santes” (intelectual) dada por localizaciones mul­ti­rre­la­cio­­nadas de control y coordinación de respuesta, sobre la base del rescate de información sensorial actual y de memoria.

El subcortex comprende al sistema límbico, hipotálamo, tá­la­mo y me­sencéfalo. La sustancia blanca es una masa de fi­bras conectivas (axones) entre la sub corteza y la corteza (sustancia gris).

 Funcionamiento de los niveles de conciencia

El sistema nervioso recibe la información acerca de los cambios en los medios externo e interno, a través de los órganos de los sen­tidos. Ante estos cambios, lleva a cabo ajustes por mecanismos efectores de respuesta que incluyen cambios en la secreción de hormonas y se expresan por acción de los centros.

Las diferentes vías sensitivas llevan impulsos desde los ór­ga­nos de los sentidos, mediante cadenas de neuronas, a si­tios particulares de interpretación y coordinación en la corteza cerebral. Además de estos sistemas con­ductores, existe otro sistema de ingreso, la formación reticular ac­ti­va­do­ra (fra) transmisor-modulador de impulsos provenientes de todos los sentidos (conductor inespecífico) que está ubicada en el eje central del tron­co cerebral. Esta modulación de los im­pulsos sensoriales va a tener relación con nuestro tema: los niveles de conciencia. La primera evidencia de que el encéfalo (masa ce­rebral) regula la generación de impulsos sensoriales o su trans­misión en las vías específicas, fue la observación de que la estimulación de la fra, inhibe la transmisión en diversos núcleos y vías nerviosas sensoriales. Esto de­mostró la existen­cia de mecanismos encefálicos capaces de aumentar o disminuir el volumen del aporte sensorial mediante efectos sobre sus vías o sobre los órganos de los sentidos mismos. Efectos adi­­cionales sobre el aporte sensorial fue­ron observados en ex­perimentos de estimulación eléc­tri­ca de la fra, en los que se liberaba adrenalina, que ha­ce descender el umbral de los re­cep­tores y aumenta la ca­­pacidad de transmisión nerviosa (en las sinapsis) mecanis­mo también presente en los estados de alerta o emergencia.

Al mismo tiempo, experimentos más complejos evidenciaron una segunda función de la fra, al observarse que su actividad mantenía el estado de vigilia, en tanto que su inhibición o destrucción producía indicadores de sueño y coma. Estando definida entonces la acción reguladora y moduladora de la fra sobre el aporte y distribución de impulsos sensoriales en el encéfalo, queda también claro su rol central en la manutención de una actividad cerebral (cortical) característica del nivel vigílico, o su inhibición.

Por último, se suma a esto una acción similar de la fra sobre los impulsos de respuesta provenientes del encéfalo hacia el cuerpo, los que también pasan por ella, recibiendo una “acción facilitadora” o “supresora”, según el nivel. De este modo, se esclarece aún más su participación en el mantenimiento de la inercia de cada nivel y el rebote de estímulos que lo modificarían.

Como resultante, la fra aparece como el centro de gravedad en la re­gulación de los distintos niveles de conciencia, los que a su vez corresponden a grados de integración creciente de las funciones del sistema nervioso central que coordinan y regulan al sistema sensorial, al sistema autónomo y a los demás sistemas orgánicos en conjunto con el sistema glandular. Tales funciones se encuentran en el encéfalo, representadas por estructuras de complejidad creciente que van desde las pri­mitivas localizaciones vegetativas autónomas pasando por la emocional límbica hasta la intelectual en la corteza. Cada frac­ción o nivel integrado, va correspondiendo a un nuevo nivel de conciencia.

Como sabemos, estos niveles pueden ser en principio, de sueño, semisueño y vigilia. A través del eeg podemos tener registro de la actividad eléctrica que cada uno genera denomi­nán­dolas “delta”, “theta”, “alpha” y “beta”, respectivamente, según su intensidad y amplitud. Estos estados están sometidos a ciclos diarios (dependientes en gran medida de la luz) y bio­rritmos vegetativos, variando además con la edad. En sín­te­sis, que según la información sensorial sobre el medio, el es­­tado interno del organismo y el refuerzo hormonal, se dan dis­tintos niveles de actividad e integración de las funciones re­­ticulares para mantener un estado de vi­gilia alerta; de las fun­­ciones del circuito límbico-mesencefálico que intervienen en el mantenimiento de los equilibrios vegetativos (homeostáticos) y en la regulación de la conducta instintiva y emocional; y por último, de la corteza a cargo de las llamadas funciones su­periores del sistema ner­vioso tales como el aprendizaje y el lenguaje.

Neurofisiológicamente, los niveles de conciencia corresponden a distintos niveles de trabajo del sistema nervioso central, los cuales están dados por la integración de funciones nerviosas cada vez más complejas que coordinan y regulan a los sis­temas nerviosos periférico y autónomo, y a los demás sistemas orgánicos en conjunto con el sistema glandular. En la dinámica de los niveles de conciencia este factor intermedio de amplitud de trabajo del sistema nervioso se conjuga con un factor externo dado por las características de los impulsos sensoriales y con un factor interno sintético dado por la “capacidad de transmisión” nerviosa. La actividad eléctrica del cerebro (reflejo de su nivel de trabajo) fluctúa entre 1 ciclo/seg. (estado delta) en el caso del sueño, hasta una frecuencia máxima no determinada, considerando en este caso un límite funcional de 30 ciclos/seg. (estado beta) que corresponde a la vigilia activa.

Franja de trabajo. Cada nivel de trabajo (estados theta, delta, alfa y beta) corresponde al predominio o mayor por­­cen­­­taje presente de un tipo de frecuencia (onda) y mi­cro­vol­ta­je, sobre los demás. Por último, estos niveles están, en gene­ral, sujetos a los ciclajes diarios típicos de sueño, semisueño y vigilia. Vale destacar que con la edad, la onda dominante en reposo varía, acelerándose hasta alcanzar el patrón alfa en el adulto.

 Vías aferentes

Un estímulo sensorial genera impulsos que llegan a la corteza conjuntamente por la fra y las vías sensoriales. Estos pro­cesan lentamente por la fra (debido a sus múltiples relevos sinápticos), hasta alcanzar extensas zonas de la corteza, mientras que los que siguen a las segundas, se propagan con gran rapidez (dos a cuatro sinapsis solamente) hasta las áreas primarias específicas del cortex. Los estímulos que producen despertar en la corteza (de sincronización), producen frecuentemente hipersincronía en el sistema límbico (específicamente hipocampo). Está de más decir que la disminución de los estímulos sensoriales externos (oscuridad, silencio) predisponen al sueño; que los sistemas de tensiones y climas lo dificultan (adrenalina presente por ejemplo); que el bajo tono (cansancio por ejemplo) lo induce. En todo caso, los estímulos deben ser considerados (desde el punto de vista de los niveles de conciencia) cuantitativa y cualitativamente en su acción. Como características del impulso aferente sensorio, se considerarían: su naturaleza o especificidad (receptor); su frecuencia; su duración; su extensión; y su potencial de acción. Luego, los impulsos sensoriales que ascienden por las vías específicas alcanzan también la fra en su vía ascendente, que los modula y regula según el estado de actividad en que se encuentran. Por otra parte, llega información química general por vía sanguínea tanto a la fra como a las demás estructuras nerviosas y glandulares del encéfalo.

a) Sueño. Cuando la fra está inhibida (concomitantemente con un to­no vegetativo general bajo, poca actividad transmisora neuronal, e impulsos de escasa intensidad y/o calidad), ejerce también una acción inhibidora sobre las estructuras encefálicas, especialmente la corteza. Además, la fra actúa como su­presora o inhibidora de los impulsos sensoriales ascendentes (y en casos, de los órganos de los sentidos mismos), determinando un predominio de la información interna (cenestésica) por sobre la externa (proveniente del medio).

Sueño pasivo. En este nivel, la actividad supresora de la fra blo­quea las funciones corticales y límbicas, y disminuye las de las otras estructuras subcorticales, reduciendo el traba­jo encefálico a sus fun­ciones más primitivas. Esto corresponde a un nivel de sueño sin imá­­genes, con un patrón eeg del­ta, de baja frecuencia. En suma, este nivel integra el cir­cuito tronco-límbico en que los impulsos no exci­tan la corteza.

Sueño activo. A intervalos regulares distanciados, se activa el circuito tálamo-cortical, que se suma al anterior produciéndose cortos períodos de sueño con ensueños, que producen husos de actividad (desincronizaciones) en las ondas delta y que externamente se reconocen por los movimientos oculares rápidos (mor).

b) Semisueño. Nivel progresivo intermedio en que se activa la fra desinhibiendo las estructuras subcorticales e integran­do gradualmente al sistema límbico y a la corteza, efecto que es reforzado por la retroalimentación hipotálamo-cortical que se establece. Simultáneamente desbloquea las vías senso­ria­les específicas dándose un equilibrio inestable entre información externa e interna, e incrementando el trabajo encefálico, a partir del momento de pasaje o “despertar”. El patrón eeg es de alta fre­cuencia y de poco voltaje y se denomina theta. Se han integrado todas las estructuras encefálicas pero su nivel de actividad no es completo y la ca­pacidad transmisora nerviosa (sináptica) es aún relativa.

c) Vigilia. La fra integra y “facilita” los impulsos sensoriales y de asociación, manteniendo el estado de excitación de la corteza que predomina sobre las funciones subcorticales, así como los impulsos de los sentidos externos por sobre los inter­nos. La capacidad transmisora ha aumentado considerablemente. La actividad subcortical continúa, aunque atenuada, lo que explicará en parte la base de numerosos hechos psi­cológicos como los ensueños y el núcleo de ensueño.

 Transformación de los impulsos

El encéfalo presenta distintos niveles que ordenamos así:

a) Centro de gravedad del circuito. La fra, que modula y regula el aporte de impulsos sensoriales y de asociación, la excitabilidad de la corteza y los impulsos eferentes de respuesta, de un modo in específico.

b) Coordinador de estímulos. La corteza que opera bá­si­ca­­m­­en­­te como localización de las funciones motriz e intelectual y la subcorteza que lo hace co­mo localización de las funciones vegetativa (instintiva) y emotiva (con­ductual), transforman los impulsos complejos específicos y los relaciona ela­borando im­­­pulsos efectores de respuesta, también específicos y complejos.

c) Procesadores de estímulos. El tronco cerebral, cerebelo y me­sen­cé­falo son núcleos nerviosos de confluencia de impulsos que producen un primer procesamiento simple, elaborando respuestas autónomas reflejas también simples. Las demás estructuras nerviosas, aparecen básicamente, como vías conectivas conductoras de impulsos. Son: el tronco y me­sen­céfalo (en sus porciones fibrosas), el tálamo y la substancia blanca. Las vías específicas permiten, a nivel cortical, la percepción discriminativa sensorial (función intelectual propiamente tal), mientras que la fra tiene fun­ciones relacionadas con los niveles de conciencia, en­tre ellos el “despertar”, sin las cuales resultaría imposible tal discriminación sensorial y la producción de respuestas efectivas.

 Vías eferentes

Los impulsos provenientes de los distintos puntos encefálicos pasan también por la fra en su parte descendente, que los regula y modula según el estado de actividad en que se encuentre. Otras vías eferentes estarán dadas por la hipófisis y el torrente sanguíneo y las fibras directas del hipotálamo como válvula de conexión del encéfalo con el sistema glandular y el organismo en general, para llevar a cabo las respuestas ordenadas en forma coordinada.

a) Sueño. En ambos tipos de sueño (pasivo y activo) los impulsos efe­­rentes son inhibidos o suprimidos por la fra, en especial cuando com­pro­meten funciones (motoras, por ejemplo) que modificarían el nivel. El encéfalo, desde la subcorteza, mantiene latentes las funciones vegetativas y básicas al ritmo mínimo que corresponde a tal momento de regeneración y recuperación energética.

b) Semisueño. La variación eferente más notable en este caso, es la co­rres­pondiente al momento del despertar en que el encéfalo envía estímu­los que activan fuertemente todas las funciones orgánicas, incrementando el caudal nervioso que circula. Participan dos mecanismos químicos básicos que son la descarga masiva de adrenalina (que en retroalimentación activa el encéfalo completo en su capacidad de transmisión ner­viosa y a la fra en particular) y el cambio en la proporción sodio-potasio.

c) Vigilia. El “incendio de corteza” producido por la fra en este ni­vel, su acción “facilitadora” y la integración de todas las funciones del sis­tema nervioso central, liberan estímulos en­cefálicos eferentes que por las vías descriptas mantendrán todas las funciones propias de este estado, ex­presándose en la forma conocida por todos los centros. Como caso par­­ticular, se observa que al concentrarse la atención sobre un objeto par­­­ticular, son puestos en marcha algunos de estos mecanismos modu­la­do­­res de la fra. El resultado es que, en parte, el estrechamiento del cam­po de presencia en este caso, se debe a que se “apagan” algunos de los estímulos entrantes, antes de alcanzar la corteza. Como éste, hay mu­chos otros casos de control central encefálico del aporte sensorio (kines­tesia, por ejemplo). También dentro del sistema de alerta, existen áreas corticales que (transformando y coordinando impulsos de memoria) emiten impulsos de respuesta que provocan el despertar al desinhibir a la fra, pero sin producir movimiento alguno.

 Aspecto químico de la mecánica de los niveles (neurohormonal)

El sistema endócrino regula y coordina las diversas funciones del organismo, por medio de las hormonas que las glándulas vierten al torrente sanguíneo. La participación glandular en el fe­nómeno de los niveles de conciencia está regulada desde el hipotálamo (neuro-glándula), localización encefálica del centro vegetativo. Éste actúa indirectamente vía hipófisis y en casos tales como los de alerta o emergencia, prescinde de ésta, enviando impulsos eferentes directamente a las glándulas comprometidas en la elaboración de respuestas requeridas por la si­tuación en el medio. El caso más significativo es el doble cir­cuito de seguridad que establece con las glándulas su­pra­rre­nales en la secreción de adrenalina. Como secundarios aparecen en el circuito la ti­roi­des (tiroxina) y las gónadas. Esta relación con el sistema hor­monal nos va a interesar en cuanto a su participación en la actividad encefálica determinante de los niveles de concien­cia. Consideramos entonces aquellas sustancias que actúan de un modo directo sobre las distintas estructuras encefálicas y/o la capacidad de transmisión de impulsos de las fibras conectivas. Atendiendo a estas sustancias en su acción como mediadores sinápticos, y su grado de concentración en las distintas estructuras encefálicas obtenemos otro punto de vista. Las modificaciones en el equilibrio sodio/potasio, el nivel de azúcar en la sangre (insulina), el metabolismo del calcio y las secreciones tiroidea y paratiroidea entre otras, aparecen como realimentadores químicos de mayor importancia en la dinámica de los niveles de conciencia. La caída de la glucosa, del calcio, del potasio y el agotamiento de la presencia de adrenalina, están todos relacionados con marcados desequilibrios funcionales dentro de cada nivel, y en casos ex­tremos producen estrés mental y emotivo. En contraste, su me­tabolismo equilibrado va a corresponder también a una ade­cua­da integración del trabajo de cada nivel. Por otra parte, y como aspectos secundarios, se observa que a cualquier incre­men­to de la presión sanguínea corresponde una mayor excitabi­lidad de la formación reticular y consecuentemente su función activadora. Simultáneamente, con­comitan también el aumento de nivel (activación reticular y en­cefálica general) y el concurso de oxígeno, que resulta máximo en el momento del despertar.

 Centros

Las “llaves de control” de tipo nervioso, se encuentran principalmente en lo que denominamos aparato cerebro-espinal, que está compuesto por la masa encefálica y la médula espinal. No se descuida la intervención endocrina, que en conexiones como hipotálamo-hipófisis, determinan una íntima relación entre ambos sistemas. No obstante, en este trabajo, se acentúa la acción de lo nervioso. Si vemos a los sentidos con la característica general de “traer” información de un medio (ya sea externo o interno), los centros resultan sistemas de respuesta estructurados, aunque predomine uno de ellos frente a un estímulo dado. Así, la íntima conexión emotivo-vegetativo-sexual, hará que, aunque actuando principalmente uno de ellos, se verán comprometidos también los otros. El aspecto endocrino actuará sobre todo en los sistemas de respuesta lenta, conservando su actividad de modo inercial y manteniendo además un nivel constante de actividad que se movilizará aumentando o disminuyendo según la oportunidad y el tipo de respuesta requerido y siempre relacionado con el sistema nervioso. Este último tendrá características de respuesta veloz y tenderá a romper el equilibrio o restablecerlo de modo veloz. Refiriéndonos ya a los “centros de control”, podemos dividirlos por localización en tres grupos. Los de lo­calización puramente cortical, los de localización subcortical y los mixtos. Así ubicamos al centro intelectual en la corteza; al vegetativo y al emotivo en la porción subcortical y al motriz y sexual en ambas. El orden de exposición, es el siguiente: vegetativo, sexual, motriz, emotivo e intelectual.

 Centro vegetativo

Franja. Desde el punto de vista de su actividad, filiamos: regulación de temperatura, del reflejo de la sed y el hambre; reacciones de defensa y regeneración; regulación del sistema digestivo, respiratorio y circulatorio y actividad metabólica de la función locomoción y reproducción.

Órgano. Principalmente hipotálamo. Se compone de varios núcleos y es­tá ubicado en el troncoencéfalo, por debajo del tálamo. Muy cerca, y por debajo de él está la hipófisis, glándula con la que se conecta directamente.

Vías aferentes. Transformacion. Vías eferentes

a) Vías aferentes: el hipotálamo recibe desde: la formación re­ticular, el hipocampo, la amígdala, el tálamo, el núcleo len­ti­cu­lar, el bulbo olfatorio y fibras nerviosas con impulsos sensorios.

b) Transformación: como ejemplo tomamos el reflejo del ha­cer: cuando el hipotálamo registra por intermedio de los os­moceptores y quimioceptores, la reducción en la concentración de Cl Na. en la sangre produce un aumento de la hor­mona anti-diurética (had) que elaboran los núcleos su­pra­ópticos hipotalámicos y que también almacena la neu­ro­hi­pófisis. Al liberarse dicha hormona en el torrente sanguíneo, se producen reac­ciones en el riñón que contribuyen a la retención de aguas. Otro ejem­plo: al disminuir la con­cen­tra­ción de corticol y corticoesterona en el torrente san­guí­neo, el hipotálamo estimula la liberación de la acth de la ad­e­­­nohipófisis. A su vez, la acth estimula la glán­du­la su­pra­rre­nal en la li­­­­beración de aquellos gluco­corticoides.

c) Vías eferentes: en complementación con la hipófisis y a tra­vés de ésta, por el torrente sanguíneo a la tiroides, corteza suprarrenal y gónadas. Por vía nerviosa a la médula su­pra­rrenal y por intermedio de las fibras hipotálamorre­ti­cu­la­res a la formación reticular del tegumento y de allí a los nú­cleos mo­tores del bulbo y a las neuronas motoras me­du­la­res. A la hipófisis desde los núcleos supraópticos.

Síntesis. Vemos al centro vegetativo básicamente como un regulador de las funciones vitales operando con mecanismos de equilibrio y ser­vo­re­gu­lación.

 Centro sexual

Franja. En cuanto a su actividad, referimos el centro sexual al acto sexual en sí, correspondiéndolo como “carga y descarga”.

Órgano. Son puntos de importancia: las gónadas, el centro espinal, la es­­tructura hipotálamo-hipófisis y la localización cortical en el lóbulo occipital.

Vías aferentes. Transformación. Vías eferentes.

a) Vías de origen táctil difundido, que comprende las zonas erógenas y el tacto en general; b) vías también táctiles pero de carácter concentrado y preciso del aparato genital; c) vía que comprende estímulos de tipo sensoperceptual, mnémicos y de asociación cortico-subcorticales-cenestésicos. Las dos pri­meras en parte conforman el reflejo corto espinal y además re­corren la médula pasando por el tálamo y la formación reticular para ir a la corteza. Vías aferentes de tipo endocrino: tienen que ver con la producción y mantenimiento de un nivel constante aunque cíclico de secreción de hormonas sexuales que movilizan según oportunidad. Aquí, la estructura hipo­tála­mo-hipófisis-gónadas (con participación de otras glándulas) como principales elementos secretores.

b) Transformación: es de carácter complejo e intervienen: a) un reflejo medular corto; b) la actividad de motoneuronas me­­du­la­res que crean reflejos más largos, combinados con el anterior; c) los entrecruzamientos nerviosos de nivel subcortical; d) las proyecciones corticales y sus interconexiones.

c) Vías eferentes: aquí se pueden considerar dos posibilidades: a) el acto sexual en sí; b) cuando se produce la fecundación y sigue el proceso de gestación. Aquí consideramos el primer caso. Procedentes de la interconexión córtico-sub­cor­ti­cal descienden, a través de la médula, haces del sistema autó­no­mo que van a excitar el aparato genital facilitando la rea­li­mentación estímulo-transformación-excitación, pro­du­cién­do­se simultáneamente un incremento de la actividad, hasta llegar a un umbral de tolerancia en que se produce la descarga.

Síntesis. Ubicamos al centro sexual operando en los mecanismos de la función reproducción. Esta actividad es en el individuo la expresión del instinto de conservación de la especie con sus mecanismos: acto sexual, fecundación, gestación y parto.

 Centro motriz

Franja. La movilidad del individuo en el espacio, que consiste en movimientos voluntarios e involuntarios actuando el sistema óseo y el muscular coordinados por y con el sistema nervioso.

Órgano. El centro motriz que coordina estas actividades se encuentra a nivel de: a) corteza, en los lóbulos pre-frontales de la corteza, cen­tro de los movimientos voluntarios; b) médula espinal, actuando co­mo centro de los movimientos in­vo­luntarios, arcos reflejos cortos y como la conectiva entre los receptores y la corteza; c) cerebelo, que coordina los movi­mientos (equilibrio).

Vías aferentes. Transformación. Vías eferentes

En un primer nivel estudiamos el sistema del reflejo corto.

a) Vías aferentes: del receptor por la fibra sensitiva al ganglio pre-espinal que actúa como retensor, a la médula donde opera la primera transformación.

b) Vías eferentes: de la médula al ganglio postespinal y por la fibra neuromotora al efector. En el segundo nivel, encontramos: del receptor por vía aferente a la médula, de ahí por las fibras neuromotoras (haces piramidales y extra­pira­mi­dales) a la corteza pasando por el cerebelo. En las localizaciones corticales sucede la segunda transformación y sale por las vías eferentes al hipotálamo conectado con la hi­pó­fi­sis, a la médula y de ahí al efector, en este caso los músculos.

Síntesis. El centro motriz es un transformador de estímulos sensoriales eléctrico-nerviosos que da respuestas de movi­lidad al individuo para la adaptación a su medio y su super­vivencia.

 Centro emotivo

Franja. Corresponde a lo que habitualmente reconocemos como sentimientos, estados de ánimo, pasión (con su im­pli­can­cia motriz) e intuición. Interviene como el “gusto” o “dis­gusto” que puede acompañar una ac­tividad ­cualquiera.

Órgano. La actividad principal la filiamos en el centro lím­bi­co, que se ubi­ca en el diencéfalo o rinencéfalo y que está com­puesto por: el sep­­tum (nú­cleos septales del hipotálamo), los núcleos anteriores del t­álamo, la cir­cun­vo­lu­ción del hi­po­­cam­po, la parte anterior del hipocampo y la amígdala.

Vías aferentes. Transformación. Vías eferentes

a) Vías aferentes: las principales vías aferentes son: la vía ol­fativa que se conecta directamente con la amígdala y las fi­bras sensorias que llegan al centro límbico a través de la for­­­mación reticular. También fibras provenientes de la corteza, lóbulo frontal y temporal y el hipocampo, llegan a la amígda­la. Del bulbo olfatorio una de sus ramas va también al septum.

b) Transformación: los estímulos aferentes (impulsos) producen modificaciones quimioeléctricas en el centro límbico que tienen como respuesta una inmediata modificación visce­ro­somática, (relación estructural con el hipotálamo), incluyen­do las áreas corticales. La actividad del centro límbico integra a su vez una expresión estructural emotivo-vegetativo-sexual.

c) Vías eferentes: estas modificaciones se expresan no sólo internamen­te a nivel quimioeléctrico y hormonal, sino que también modifican la ac­­tividad conductual del sujeto. Un elemento que expresa claramente es­to es el motriz. Además, des­de el cen­tro límbico, se proyectan fibras por el hi­­potálamo que son enviadas a los centros autónomos bulbares y a la for­mación reticular del tallo cerebral y de aquí por las motoneuronas so­má­ti­cas, se inervan los órganos correspondientes como también los mús­culos.

Síntesis. A la actividad del centro emotivo se la puede definir como “sintética”. Integrando no sólo su área específica, con características neurohormonales propias, sino además elementos de lo vegetativo y del sexo. Su localización y cone­xión (tálamo-hipotálamo-formación reticular) nos permite com­pren­der su actividad difundida aún en casos de caracterís­ticas “no emotivas”, y su acción prolongada más allá del impulso inicial.

 Centro intelectual

Franja. Las actividades de aprendizaje en general, la relación de datos, la elaboración de respuestas, (más allá de la res­puesta reactiva), la relación de estímulos de diversos orígenes.

Órgano. Localizamos este centro en la corteza cerebral, constituida por sustancia gris. Se divide habitualmente en tres capas de dentro hacia afuera: arquicortex (es la capa filo­genéticamente más antigua); paleocortex (es la capa intermedia); neocortex (es la capa más reciente). A su vez, superficialmente se divide en correspondencia con los cuatro lóbulos cerebrales: frontal, en la parte anterior; parietal, en la parte superior media; temporal, en la parte inferior media; y occipital, en la parte posterior.

Vías aferentes. Transformación. Vías eferentes

a) Vías aferentes: las principales vías aferentes son las que componen las vías sensitivas y son aferentes de lo que se de­nomina corteza sensórea que predomina en el lóbulo pa­rie­tal y occipital y en menor grado en el temporal y frontal. Son aferentes: el tálamo, el hipocampo, el hipotálamo, la for­mación reticular y el cerebelo.

b) Transformación: de este punto nos damos una idea al ver las inter­co­nexiones corticales. A grandes rasgos encontramos una de las funciones complejas en el lóbulo parietal con el caso de la estereognosis (reconocimiento táctil sin la visión), en que se requiere de una adecuada recepción del estímulo (transmisión); esta información es sintetizada y comparada con huellas mnémicas sensoriales similares anteriores para así reconocer el objeto dado.

c) Vías eferentes: además de las conexiones intercorticales las vías eferentes se dirigen en general a la subcorteza y principalmente al núcleo caudado; a la protuberancia y cerebelo; al mesencéfalo; al tálamo; a la formación reticular y a los cuerpos mamilares (hipotálamo).

Síntesis. Advertimos en este centro una especialización máxima en el hom­­bre respecto al resto de los mamíferos y de otras especies. Su función prin­­cipal de asociación y elabo­­ración, junto con la característica de diferir su respuesta ante el estímulo, parecen dar una idea general de este centro.

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